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Nos tenían engañadas

Quiero comenzar este articulo aclarando que NO soy feminista, así que no me encuentro sesgada en mis apreciaciones. Cuando digo que a las mujeres nos han tenido engañadas es porque así es, piensen por un momento, primero nos metieron el cuento de que éramos el sexo débil, y yo me pregunto: ¿débil? ¿en serio? Un ser que puede aguantar los dolores de parto sin desmayarse, y unas horas después estar atendiendo a su bebé, es más, a veces hasta juzgan a quienes tienen sus bebés por cesárea, una cirugía bastante compleja, que la mujer pasa sin anestesia general, y apenas puede sentir sus piernas, la hacen levantar para ir al baño, y a unas horas la envían a casa como si nada.

Nooooo, no somos el sexo débil, esa es una gran mentira de la que se desprenden otras que hicieron a muchas lamentarse por haber nacido mujeres, como por ejemplo que éramos inferiores a los hombres, algo que usó la religión, manipulando las escrituras, para ejercer control sobre nosotras, y ahí nace el machismo que tanto daño nos ha hecho, y si, seguramente leyendo hasta aquí, estarás pensando, no que no era feminista? Pues bien, no lo soy, creo que el feminismo nos ha hecho tanto mal, como nos lo hizo el machismo y ya les voy a decir por qué.

En vista de tantos maltratos, e injusticias a raíz del machismo, surge una nueva forma de crianza para las niñas, nuevas ideologías, nos decían que no necesitábamos de ningún hombre para vivir, nos dijeron que debíamos ser más fuertes que ellos, incluso hasta nos enseñaron que estaba mal llorar o mostrarse vulnerable, y nos pusieron a competir para demostrar que éramos mejores, más fuertes, más capaces y hasta más inteligentes que ellos y nos volvimos mujeres fálicas, que gran error, nos convertimos en eso que tanto odiamos, maltratadoras, inhumanas, y nos sobrecargamos de trabajo, porque como no necesitamos a nadie, nos encargamos de la casa, los niños, las compras, un gran puesto en una gran empresa, atendimos todas las áreas de la vida, las que nos correspondían y las que no, nos encargamos de todo menos de ser mujer.

Dejamos de disfrutar que nos conquistaran, que nos abrieran la puerta, o nos llevaran las bolas porque nos sentíamos ofendidas.

Nos dijeron tantas mentiras, como la de que las mujeres no podíamos trabajar juntas o que un sitio con muchas mujeres era una bomba de tiempo, y quien se inventó eso tenía razón es una bomba, pero no por las envidias o los chismes, creo que quienes nos tenían tan engañadas sabían que juntas somos poderosas, que juntas logramos encontrarnos con nuestra esencia y nos volvemos imparables.

Ya no más mentiras, encontrémonos con nuestra parte femenina, descubramos y amemos nuestro diseño original, abracemos nuestra feminidad, ser mujer es la más grande bendición, Dios nos bendijo con el don de dar vida, en ninguna parte de la biblia dice que somos menos, muestra como el contexto cultural tenía desde bien atrás en la historia a las mujeres doblegadas por una mala interpretación a conveniencia de los hombres, algo que el mismo Jesús con sus actos desvirtuó, habla de mujeres virtuosas, que trabajan, que administran , que guían, y que aman, habla de mujeres que se cuidan, porque aquí también hay otra mentira, que hace creer que para ser espiritual, debes ser fea o descuidada, cuando vemos a una Esther que duro en tratamientos de belleza un año antes de presentarse ante su futuro esposo el rey.

Esto no se trata de una competencia entre hombres y mujeres, se trata de entender que uno es el complemento del otro, que juntos como parejas nos hacemos más fuertes, que uno es el apoyo del otro, y es más fácil avanzar y construir de la mano del otro, pero también es entender que entre mujeres crecemos estando unidas, que se vale llorar y necesitar ayuda, que ser vulnerables no nos hace débiles, al contrario, nos hace valientes.

Se trata de saber que merecemos que nos quieran, nos cuiden, nos consientan, entendiendo que podemos hacerlo todo solas, pero que tener ayuda es mucho mejor, que está bien si estamos solas, porque sabemos cuidarnos bien, pero que si llega alguien tengamos la capacidad de dejarnos acompañar y ser también un apoyo, sin competencias, sin luchas de poder.

Se trata de amarnos y aceptarnos como la creación perfecta que somos y disfrutarnos el ser MUJER.

Mónica Díaz Botero
Periodista – Autora – Coach de mujeres

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